martes, 9 de enero de 2007

“El árbol o reflexiones existenciales en tres párrafos de quinientas oraciones”

El eviterno conducto de una conciencia malhumorada ha resultado ser la distinción predilecta de quienes han adquirido la indispensable capacidad de esquivar a las confusiones, sin querer menospreciar a las ramas empíricas, y de aquellos que se han estremecido con el curso que se invierte en el oscuro paisaje de carnavales atmosféricamente inútiles.

Si por error o por placer se insertaran dudas insensatas lo ideal seria arrastrarse decapitando al espíritu. No por esto dejaríamos de ser hormigas: obreras, fuertes y pordioseras. Al contrario, arañaríamos meticulosamente a todas aquellas insinuaciones de una perversa y más aun paciente sed. Logrando así con una amplificación inextinguible, mortificar a un camino cualquiera, al hombre que lo entierra y a su medio de eyaculacion urbana.

Finalmente fraccionándonos a través del colapso del tímpano, sin obedecer a un ejército de peces incestuosos, se llegaría a plantar, dentro de lo que nos parezca más seductor, las semillas metaloides arrinconadas entre oraciones como vacuna sustituta de un inhóspito día donde se prestará un instante en el cual el comienzo nos deleite con su imitación teológica cultivando las infecciones que el árbol nos ofrecerá.

Octavio Aurelio

jueves, 4 de enero de 2007

Cataclismo

Tengo la falta empírica
De una propiedad
Capaz de restituir
a una necesidad moribunda
como el velo
de un sueño caído.
Sus huellas no existen
mas están presentes
en el alma
de un palacio abrumado.

Ofelia mortecina